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EXPOSICIÓN: SIN CORDERO DE DIOS. APROXIMACIÓN A UNA POÉTICA DE LA MUERTE. EDUARDO AZUAJE MUSEO DE ARTE CONTEMPORÁNEO. SALA 6

La obra reciente de Eduardo Azuaje revela un interés por las dimensiones insospechadas de la muerte, entendida como una consecuencia directa de la violencia en sus diversos estados, naturalezas y manifestaciones en las sociedades contemporáneas. La muerte ha sido materia de estudio y preocupación del hombre desde el mismo momento que ha tenido conciencia de su existencia, de comprender que la extinción forma parte de la condición humana, de que somos seres finitos, «seres para la muerte», como diría Heidegger. El arte ha tratado este tema en todas las épocas bajo sus respectivas concepciones filosóficas expresadas con lenguajes y modalidades diferentes, lo que ha generado una serie de códigos y modelos de representación validados por la historia. En esta ocasión el artista plantea una revisión a nivel formal y conceptual donde las ideas, valores y sentimientos, influenciados por el contexto inmediato, han impulsado los cambios de registros con respecto a sus desarrollos plásticos anteriores. Estos procesos se fundamentan tanto en la emoción como en la aplicación del conocimiento y la razón, relaciones que evocan la contradictoria mentalidad romántica.

 

Azuaje se adentra en las estepas de su Pariaguán natal en busca de huesos de animales —ejemplares muertos de forma natural o por la intervención del hombre que el tiempo ha despojado de impurezas— para relatar una historia que va de lo particular a lo general. En estas prácticas demuestra las habilidades del recolector-coleccionista, pero también las del creador-escultor capaz de transformar un cúmulo de desechos orgánicos en obra de arte. Construye una anatomía humana, provista de una aparente «musculatura desollada», con un tejido de huesos engranados dentro de un sistema que, aunque internamente puede resultar aleatorio, describe un orden estructural que lo transfigura en una experiencia estética. En esta suerte de arqueología artística la materia es fundamental para la creación del objeto, y en ese proceso adquiere una re-significación que le otorga otros contenidos y símbolos permitiéndole una «nueva existencia».

 

Hueso a hueso el artista concibe una figura colosal, fragmentada e incompleta, a la que falta un brazo y una pierna; fragmentos que comparten origen y propósito y se encajan y complementan dentro del «todo». Esta concepción fragmentaria quiebra el discurso lineal y la visión global y totalitaria de las «verdades» heredadas de la tradición moderna. En el proyecto las partes aluden a varios actores bíblicos —Torso de Juan,  Pierna de Pedro y Brazo de Pablo— que se «fusionan» en el «gran personaje» del relato, un fenómeno que en su comprensión más amplia se entiende como una representación del cuerpo social. Los apóstoles son por analogía una extensión de todos los Pedros, Juanes y Pablos anónimos del mundo, víctimas de una cultura terrorífica donde el riesgo, la amenaza y el miedo son parte del escenario cotidiano. Al respecto, nuestro autor asume una actitud crítica para rechazar la inhumanidad del hombre hacia sus semejantes en un mundo dominado por la sinrazón; y además intenta visibilizar un problema que en el contexto local deja anualmente una estela de muertes, absurdas e inesperadas, producto de una violencia que tiene en el hampa común su vertiente más poderosa.

 

Azuaje no describe los procesos que inducen a este tipo de realidades, pero si sus consecuencias;  lo hace con una gran instalación compuesta por registros audiovisuales y un conjunto escultórico de apariencia monstruosa, piezas inquietantes y provocadoras que revelan el lado destructivo de la naturaleza humana y sugieren sentimientos violentos de gran intensidad dramática: la pierna se erige en un aparato capaz de aplanar todo a su paso; el brazo extraviado parece tantear un camino más allá del mal; mientras las cabezas nos acusan con sus «miradas», oscuras y profundas, que brotan de las extrañas concavidades oculares. El tratamiento informal de la materia subraya la fuerza expresiva de los volúmenes a partir de las calidades texturales y monocromáticas. Hay un claro dominio de la composición —estructuras internas que colman el objeto dentro de un «azar controlado»—,  la proporción y la ejecución de los detalles, porque para el artista son  inseparables las nociones de idea y técnica; igualmente resulta importante la construcción de las formas representadas y la transformación escultórica de su percepción visual. 

 

 

Sin cordero de Dios es el resultado de una investigación compleja, inteligente y profunda donde el cuerpo es objeto y referencia del discurso visual, pero al mismo tiempo símbolo de la violencia, de la destrucción, de la muerte. Aquí las imágenes de un sujeto fragmentado, bajo el signo de la osamenta, son una metáfora de la imposibilidad de salvación frente al mal; el memento mori como representación del inevitable final de todas las cosas terrenales. En este  proyecto Azuaje prueba una eficiencia estética y discursiva, impregnada del carácter polisémico y polimorfo del arte contemporáneo, para aproximarse a una poética personal de la muerte.

Luis Velázquez

Caracas, agosto de 2017

 

Reseña biográfica:

Eduardo Azuaje nace en Pariaguán, estado Anzoátegui, en 1968. Entre 1985 y 1989 realizó estudios de artes plásticas en la Escuela de Artes Visuales Cristóbal Rojas, en Caracas. Desde 1989 hasta 2016, la obra del artista ha sido mostrada en más de treinta exposiciones colectivas organizadas por museos y galerías nacionales e internacionales de Venezuela, Estados Unidos, Francia, Brasil, Cuba y España; en ese mismo período también ha realizado siete exposiciones individuales en Venezuela. Durante toda su trayectoria ha recibido varios premios y reconocimientos entre los que merece destacar: Mención Especial, Salón Municipal de Caracas, Caracas, 1994; Premio Especial Armando Reverón para Artista Joven de la ONU AVAP, Caracas, 1995; Segundo Premio Bienal Internacional de Bolivia (SIART), La Paz (Bolivia), 2001. Entre sus iniciativas personales de gestión y proyección cultural hay que subrayar la creación del Museo de Escultura Contemporánea de Pariaguán (2004), construido en los jardines de su residencia familiar. En la actualidad desarrolla su trabajo creativo en Caracas y Pariaguán. 

Fecha

Jueves, Septiembre 14, 2017