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La tierra de nadie: memorias de un genocidio. Fotografías de Teresa Carreño

Los territorios de Bosnia-Herzegovina y Kosovo, ambos países de la antigua Yugoslavia, han sido escenarios de complejas relaciones interétnicas y pluriculturales; los paisajes urbanos y habitantes aquí retratados, muestran el conflicto que los alcanzaba entre los años 1993-1999. Las miradas corresponden a diversos grupos de personas que residían estas tierras, algunos desplazándose hacia otros lugares, unos asentados en espacios distantes a los centros del combate y otros dándole continuidad a la vida, negados a abandonar su hogar.

Teresa Carreño (Caracas, 1965) realiza un reportaje fotográfico, entre los años 1993-1995, a través de las ciudades de Mostar y Sarajevo, durante la Guerra de Bosnia, suceso bélico ocurrido en la actual Bosnia y Herzegovina. Después de un intenso período, el enfrentamiento civil cesó luego de cuatro años, en 1995 por el Acuerdo de Paz de Dayton[1], siendo uno de los conflictos internacionales más cruentos ocurridos en Europa del Este posterior a la II Guerra Mundial.

Los diversos grupos sociales y distintas comunidades de creyentes, moradores de estos territorios, convivieron históricamente desde el periodo de pre-guerra y de pre-independencia. En realidad, religión y etnicidad no eran factores de relevancia para la organización del Estado hasta la disolución de la República Socialista Federativa de Yugoslavia en el año 1991. Esta situación trajo un nuevo escenario de conflictos, tal como lo describe Álvaro Higueras: (…) en Bosnia, que es un microcosmo de la antigua Yugoslavia, las tres etnias –principales– de serbios, musulmanes, croatas eran 40%, 40% y 20% respectivamente de la población total, se lanzaron inmediatamente a la lucha armada para definir territorios para cada uno de ellos. Estas tres etnias formaban un mosaico en Bosnia, y no estaban segregadas. La guerra iría a segregarlas[2] (…)

La guerra cobró la vida de más de 200.000 personas y un exilio estimado de 1.8 millones de individuos, durante el tiempo de conflicto y los bombardeos. Desaparecieron los rastros de monumentos milenarios; templos ortodoxos, musulmanes y católicos, dejando arrasada la histórica ciudad de Mostar y destruyendo el emblemático puente antiguo Stari Most[3]. Todo este escenario bélico se convierte en una memoria perpetua que nos refiere a los abismos del poder: los crímenes de guerra, el genocidio, las violaciones masivas, el surgimiento de nuevas formas de esclavitud y procesos organizados de limpieza étnica; constituyen evidencias de la atrocidad y el horror.

Carreño también viajará a Kosovo entre los años 1998-1999, registrando el azote de la guerra en en el corazón de los Balcanes. La soberanía y el control de la provincia de Kosovo han enfrentado históricamente a generaciones de serbios y albaneses; siendo de data antigua los conflictos entre estos grupos. Los serbios son mayoritarios en Serbia y Montenegro, pero en la provincia de Kosovo la mayoría de la población es albanesa.

Para cada una de las dos partes la historia se cuenta diferente, ya que: es precisamente la historia la que justifica los deseos de independencia de los albaneses de Kosovo, que reivindican la unidad de la nación albanesa (Kosovo, Macedonia y Albania), y la voluntad de control de este territorio, cuna de la nación para los serbios de Kosovo[4]. Por esto, entre 1998-1999 el territorio fue escenario de enfrentamientos entre la guerrilla separatista del Ejército de Liberación de Kosovo (UCK) contra el Ejército y la policía yugoslavos, culminando en bombardeos masivos de los territorios civiles en manos de La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) el cual dejaría saldos alarmantes de muertes, desaparecidos y exilios forzados.

Teresa Carreño nos presenta esta serie titulada coherentemente La tierra de nadie: memorias de un genocidio, en ella logra una conexión introspectiva con el entorno, no solo como espectadora, sino a través de la convivencia con estas personas, lo que le permitió capturar de manera respetuosa y sensible la intimidad y el dolor humano directamente. Su lente, luego de más de dos décadas de experiencia, recoge memorias infalibles de los estragos de la guerra durante sus recorridos a través de estos dos países en tensión.

Mariano Figuera

Curador

Fecha

Jueves, Julio 13, 2017